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martes, 21 de septiembre de 2010

Mea culpa

"El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada."
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832)
Poeta y dramaturgo alemán.


Las reclamaciones de clientes siempre han sido una cosa habitual en la labor del tasador. Es inevitable. No se puede contentar a todo el mundo y a veces hay gente que protesta cuando no le gusta un valor porque esperaba otra cosa. Además, nosotros no somos infalibles y de vez en cuando, muy de vez en cuando (...), metemos la pata. Además viene bien que alguien te recuerde que cometes fallos, porque así nos obligan a no bajar la guardia y a permanecer alerta en la jungla inmobiliaria en la que se ha convertido esto.

Las reclamaciones abarcan un amplio espectro. Las más normales son las reclamaciones del valor de tasación, y aquí englobo desde las solicitudes de revisión al alza, las más normales, como a la baja, que también las hay. No es raro el caso en el que se nos pida si podemos ajustar por debajo el valor, porque estamos tratando un tema de herencias o divorcios y a la parte que nos solicita el valor le interesa más que eso sea así. Yo ya he explicado lo que pienso sobre las reclamaciones de valor: si se trata de un error, hay que revisar el informe, pero si simplemente es una situación de conveniencia, yo opto por indicar que no existe ningún argumento de peso para modificar el valor. Y si. Es un rollo tener que contestar lo mismo las 17 veces que te llaman de todos sitios para que cedas, pero, es lo que hay.
Otra cosa es cuando metes la pata y sin querer metes un testigo inapropiado, resultando como consecuencia un estudio de mercado erróneo, o hay un error en las superficies adoptadas, o la homogeneización de los comparables no es la más idónea. Entonces no se nos caen los anillos, nos disculpamos y corregimos inmediatamente.

Otro tipo de reclamaciones son las que no afectan para nada al valor de tasación y provienen de erratas en el informe o de datos mal metidos (tened en cuenta que se hacen (ahora, con suerte) muchos informes, y que a veces es inevitable cruzar datos muy parecidos). Si efectivamente existe esa errata, se corrige, pero muchos clientes aprovechan esa errata, que no influye en el valor de tasación, para solicitar la revisión completa del mismo. En la oficina nos hemos encontrado con todo tipo de reclamaciones al respecto. Desde que hemos puesto que el edificio tiene 8 plantas en vez de 7, hasta que el nombre propio del propietario no está bien escrito.
También nos hemos encontrado con errores como el que se haya puesto en el informe una referencia catastral que no era la correcta, aunque la ficha catastral adjunta si lo era y el valor de tasación estaba bien, y cosas parecidas. Este tipo de errores especialmente es el que debemos de evitar, porque tenemos que admitir que hay fallos en el informe de cierta relevancia aunque el valor está bien, lo que al cliente que se queja le resulta difícil de creer. Perdemos credibilidad.

En el estudio siempre hacemos una doble comprobación del informe antes de mandarlo a visar, pero no es infalible y alguna que otra queja nos llega (ya os digo que es inevitable).

Y ahora me gustaría compartir una pequeña muestra de un caso real: tasamos una casa y al cabo de unos cuatro días nos llegó una reclamación. Suponemos que el futuro comprador, solicitante de la tasación, había acordado un precio por el inmueble con el vendedor, presumiblemente más bajo de lo que salió el valor de la tasación. La reclamación nos acusaba (directamente) de haber reventado la operación, dando el valor de tasación al vendedor, el cual había decidido no vendérselo a él y si a otro comprador cuya oferta era más alta. Incluso insinuaba que nosotros habíamos proporcionado la segunda oferta al vendedor. Por supuesto, no aportaba prueba alguna.

Cualquiera que conozca un poco el mundillo sabe que eso es, como poco, rocambolesco. Los tasadores no nos dedicamos a hacer de agentes de la propiedad buscando nuevas ofertas. Y además, yo no puedo proporcionar ningún valor de tasación a un tercero, por ética, porque está prohibido (los datos son confidenciales, no lo olvidemos) y porque no tenemos forma de contactar con nadie, dados los canales establecidos por las empresas tasadoras y por las entidades financieras. Es que no es posible.

La cosa quedó en nada, claro. Lo que pasó es que otro ofertante vio el anuncio en un portal inmobiliario, llamó al vendedor y le hizo una oferta mejor.

Seguro que los que tasáis habéis tenido mil anécdotas parecidas. ¿Queréis compartirlas? ¡Dejadnos vuestros comentarios!

lunes, 30 de agosto de 2010

El arte de no entender nada

"Ayudadme a comprender lo que os digo y os lo explicaré mejor"
Antonio Machado (1875-1939) Poeta y prosista español.


Hace cosa de tres años yo pertenecía a un equipo de trabajo que se encargaba de mejorar ciertos procesos en una empresa tasadora cuyo nombre mi memoria ha tenido a bien olvidar, lo que es muy conveniente ahora mismo. El caso es que analizando documentación, dimos con un montón de peticiones de clientes (creo recordar que todos ellos eran particulares, ciudadanos normales y corrientes, nada de empresas, es decir, el cliente tipo de una sociedad de tasación) que no acababan de comprender bien el informe que habían recibido. La primera reacción del equipo fue pensar si deberíamos restructurar los informes para aportar información más clara al cliente. El responsable del trabajo zanjó la cuestión:


"De eso, nada"


Ojipláticos, atendimos a su razonamiento: las sociedades de tasación emiten informes técnicos que contienen muchos datos. No son fáciles de entender. Un cliente se puede perder ante la marea de datos que le han proporcionado. Lo único que interesa es que identifique inmediatamente el "Valor de Tasación". Eso sí que sale bien grande. El resto, mejor que no lo entienda, porque si se pone a indagar, nos va a brear a reclamaciones inútiles y no podemos perder el tiempo en explicar a alguien un montón de datos que no necesita saber.


En aquel momento mi rechazo fué total (por supuesto, no se me hizo caso). Si yo compro un coche, quiero saber dónde está el limpiaparabrisas, cómo cambiar el aceite y echar gasolina. Pero tengo que reconocer que después de un tiempo pensando en el tema y un montón de reclamaciones absurdas (por cierto, estamos trabajando en otro post sobre el tema), no le falta parte de razón. Si abrís el capó de un coche moderno, veréis que la mayoría de las piezas del motor aparecen ahora tapadas. Para conducir, no necesitáis saber dónde está la culata ni el cigüeñal, pero tienen que estar ahí para que el coche ande. Pues con las tasaciones pasa igual. Hace falta el valor de repercusión, pero el cliente ¿necesita saber cómo se calcula o para qué sirve? Después de tanto tiempo, sigo debatiéndome sobre si deberíamos emitir informes más claros, o por el contrario, liarlos más para evitar que te digan que cómo puede valer una casa 2500 €/m2 si la construcción es de 650€/m2...